Lugo

Lugo es también y, sobre todo, una ciudad con un espléndido pasado romano como se puede ver en  la Muralla que la rodea que es Patrimonio de la Humanidad, en las Termas o el Puente Romano. Y no hay  que perderse una visita a la Catedral y a la Virgen de los Ojos Grandes, una preciosa talla medieval de piedra policromada. Y para recuperar fuerzas, una tapa y un vino mencía en las concurridas tabernas del casco histórico.

El visitante de Lugo no debe abandonar la ciudad sin hacer algún tramo de la ruta que parte del Centro de Interpretación de la reserva de la Biosfera «Terras do Miño» a orillas del río Fervedoira, y recorre unos 18 kilómetros por el margen izquierdo del Miño hasta la desembocadura del río Neira.

En él se puede admirar la belleza de las orillas y la riqueza natural del río más importante de Galicia y de los afluentes que en él van desembocando. En la misma ciudad de Lugo, y formando parte de este conjunto, es muy agradable el paseo por el Parque do Miño, que abarca la franja longitudinal entre la carretera de Madrid (N-VI) y el margen izquierdo del río, desde el barrio de A Ponte hasta el de A Tolda, en la confluencia con el río Fervedoira, al orillas del cual continúa el parque periurbano de O Rato.

Todo un circuito asombrado por especies arbóreas autóctonas. La zona de mayor accesibilidad parte del balneario donde además podemos visitar las termas romanas. El proverbial remanso del Miño nos acompaña en este trecho del parque que está diseñado en tres zonas: una peatonal siguiendo la línea de los alisos y la vegetación propia de las orillas de ríos, otra para bicicletas de cómodo trayecto, y una tercera de coches que comunica hasta tres áreas de aparcamiento. Cuenta además con bancos y zonas de ocio para los más pequeños.